Es un hecho que no subiré jamás a las cumbres
del Gran Himalaya;
está escrito que los hombres allí se vuelven
dioses
y el poder temible de la naturaleza disminuye a
los seres: sus pasiones,
a una blanda indolencia.
Pero yo no subiré al Gran Himalaya,
tropezaré con las piedras del camino,
me embriagaré con deleznables licores,
seguiré maldiciéndome con ternura.
